Descarte’s third maxim (code of morals)

La tercera máxima fue la de procurar siempre conquistarme a mí mismo antes que la fortuna, y de cambiar mis deseos en lugar de el orden del mundo y, en general, acostumbrarme a la idea de que no hay absolutamente nada en nuestro poder excepto nuestros propios pensamientos. Así, una vez que hemos hecho lo mejor que podemos en relación a cosas externas a nosotros, todo en lo que fracasemos debe tenerse, en relación a nosotros, como absolutamente imposible: y este único principio me parece suficiente para evitarme desear cualquier cosa que no pudiera obtener en el futuro, y así mantenerme feliz; pues ya que nuestra voluntad naturalmente busca aquellos objetos que el entendimiento representa como posibles de alcanzar de alguna manera, está claro que, si consideramos todos los bienes externos como igualmente fuera de nuestro poder, no lamentaremos más la ausencia de tales bienes cuando hemos sido privados de ellos sin haber cometido falta alguna, […] y así hacer de la necesidad una virtud, no desearemos más la salud en la enfermedad, o la libertad en prisión… Pero confieso que es necesaria disciplina prolongada y repeticiones de meditación frecuentes para acostumbrar la mente a ver todos los objetos de esta manera; y creo que en esto consistía principalmente el secreto del poder de algunos filósofos el cual, en tiempos pasados, les permitió elevarse superiores a la influencia de la fortuna y, en medio de sufrimiento y pobreza, disfrutar de una felicidad que sus dioses quizás pudieron envidiar.

Discourse on the Method of Rightly Conducting the Reason, and Seeking Truth in the Sciences Rene Descartes

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